Azul marino

Ella es como una obra de arte: hermosa y tan sublime  que solamente puedes admirarla de lejos.

Ella es el mar que sin buscarlo te conquista, que te deja en la perplejidad sabiendo que tendrás que guardar tu deseo (tal vez en otros cuerpos)

En su nombre comienza el abecedario, en sus letras se aceleraron mis latidos, en sus piernas inicia un camino que hubiera querido recorrer.

Ella provoca incendios y yo decidí quemarme; ella está allá, perfecta, y yo estoy aquí… queriendo estar con ella.

Siete minutos

Y entonces, deposité en su cuerpo las ganas que eran para ti.

Sus besos fueron los tuyos, sus manos eran las tuyas, te vi en su rostro y te sentí en su calor.

Te recorrí en su piel, te saboreé entre sus piernas, su humedad y su deseo se vistieron con tu nombre…

Pero al final, no eras tú, no eran esas tus caderas. Ahora, desde aquí, te guardaré entre mis “hubiera”.

Sin razón y sin bebida

Llegas, y así sin más me tomas.

Te apoderas de mi cuerpo y de mis ganas, te metes en mi piel enloqueciéndome de deseo.

Me dejo llevar por ti, perdiéndome de lleno en el placer que me provocas ¡Y vaya que sabes provocarlo!

Fluyo al ritmo que me marcan tus labios, mi cuerpo baila y se enardece al compás de tus caricias. Me provocas sensaciones que antes desconocía.

Cuando llega el orgasmo, la locura y la calma se mezclan en mi, y entonces te regalo el néctar que tú misma has preparado.

Ráfaga

Quiero volver a escribir, contarles de ti.

Y entonces hablar de tus besos en mis lunares, de las cosquillas que me haces aunque yo insista en que no. Decir que me encanta ser tu objeto de deseo y el sonido que hace tu voz cuando murmura un “me gustas mucho”; contar sobre ese beso – hambriento e intenso – que me robaste cuando los nervios no me permitían parar de hablar.

¿ Y sabes por qué quiero escribirte? Para atraparte entre mis palabras, para reservarte un rinconcito en mi memoria.

Así, no serás solamente una imagen y, cuando te vayas, sabré por mis letras que realmente exististe.

 

El sueño más bonito que hay

Me enamoré de María en octubre del 2014. Fui consciente de ello después de varios meses de complicidad, después de buscarla en cuatro pares de labios distintos a los suyos.

O tal vez supe que la amaba al inicio de ese mismo año, cuando enero estaba casi por terminar y la besé torpemente por primera vez.

No lo sé, realmente no recuerdo el momento exacto en que comencé a amarla. Solo sé que este año he vuelto a buscarla en otras cuatro bocas sin éxito alguno.

A este amor tan necio, le basta un solo mensaje suyo para soñar una vida con ella. A mi amor, nunca le ha importado saber que María es incapaz de amar, de amarme.

Orgasmo express

No hay nadie más en tu cama, la obscuridad ha llegado. Tu cuerpo arde y tu fiel amigo de plástico comienza a vibrar suavemente entre tus piernas.

Fantaseas con todas y a la vez con ninguna, recuerdas sus gemidos y sus cuerpos arqueados, deseas hundirte en cada una de ellas mientras clavan sus dedos en ti.

Y entonces explotas, sin sudor y sin besos, en un orgasmo tan vacío como la soledad.