Sin razón y sin bebida

Llegas, y así sin más me tomas.

Te apoderas de mi cuerpo y de mis ganas, te metes en mi piel enloqueciéndome de deseo.

Me dejo llevar por ti, perdiéndome de lleno en el placer que me provocas ¡Y vaya que sabes provocarlo!

Fluyo al ritmo que me marcan tus labios, mi cuerpo baila y se enardece al compás de tus caricias. Me provocas sensaciones que antes desconocía.

Cuando llega el orgasmo, la locura y la calma se mezclan en mi, y entonces te regalo el néctar que tú misma has preparado.

Anuncios

Ráfaga

Quiero volver a escribir, contarles de ti.

Y entonces hablar de tus besos en mis lunares, de las cosquillas que me haces aunque yo insista en que no. Decir que me encanta ser tu objeto de deseo y el sonido que hace tu voz cuando murmura un “me gustas mucho”; contar sobre ese beso – hambriento e intenso – que me robaste cuando los nervios no me permitían parar de hablar.

¿ Y sabes por qué quiero escribirte? Para atraparte entre mis palabras, para reservarte un rinconcito en mi memoria.

Así, no serás solamente una imagen y, cuando te vayas, sabré por mis letras que realmente exististe.

 

El sueño más bonito que hay

Me enamoré de María en octubre del 2014. Fui consciente de ello después de varios meses de complicidad, después de buscarla en cuatro pares de labios distintos a los suyos.

O tal vez supe que la amaba al inicio de ese mismo año, cuando enero estaba casi por terminar y la besé torpemente por primera vez.

No lo sé, realmente no recuerdo el momento exacto en que comencé a amarla. Solo sé que este año he vuelto a buscarla en otras cuatro bocas sin éxito alguno.

A este amor tan necio, le basta un solo mensaje suyo para soñar una vida con ella. A mi amor, nunca le ha importado saber que María es incapaz de amar, de amarme.

Orgasmo express

No hay nadie más en tu cama, la obscuridad ha llegado. Tu cuerpo arde y tu fiel amigo de plástico comienza a vibrar suavemente entre tus piernas.

Fantaseas con todas y a la vez con ninguna, recuerdas sus gemidos y sus cuerpos arqueados, deseas hundirte en cada una de ellas mientras clavan sus dedos en ti.

Y entonces explotas, sin sudor y sin besos, en un orgasmo tan vacío como la soledad.

Vicios

Soy como el adicto que, en su ansiedad, vuelve a consumir la droga que lo destruye. Soy ese condenado a muerte que regresa por otra dosis letal. Soy aquel caminante que, rodeado de piedras, vuelve a tropezar contigo.

Y es que ahí estabas tú, el único rostro que me decía algo entre tanta gente.

Y es que aquí estoy yo, escribiéndote de nuevo.

Eme

Eres mi asignatura pendiente, mi piedra favorita del camino. Eres el pecado que no puede ser error, y sobre la cama, somos fuego. Eres más que eso, mi cómplice perfecta, mi eterno imposible, el río en el que tanto disfruto calmar mi sed.

Eres tú, que sabes y disfrutas dejarme sin escapatoria.

Gotas de rocío

Las cosas más hermosas – las mejores – pasan y llegan cuando menos las buscas. Esta quizás sea una frase muy trillada, pero es justamente lo que me sucedió contigo. Tú, que estabas ahí; yo, que no te había visto. Pero un buen día, aún no sé cómo ni cuándo, me di cuenta de tu presencia y desde entonces me atrapó. Tus grandes ojos soñadores se colaron de inmediato entre mis suspiros, y de pronto mis manos ya no podían tenerte cerca sin querer entrelazarse con las tuyas.

Cada vez que te veo, en cada uno de nuestros abrazos, siento como miles de tormentas explotan dentro de mi cuerpo y me colman de vida. Porque tú eres ese nuevo aliento, la brisa fresca que llegó para llenarme la mirada de ilusiones.

Baby, remember my name

Mentiría si te dijera que recuerdo exactamente lo que pasó esa noche, hace un año atrás.  Y no, no quiero mentirte, te contaré, sin embargo, la versión de los hechos que 365 días después aún permanece en mi memoria.

Aquella no fue nuestra primera vez, pero hubo algo en ese encuentro que logró enlazar nuestras almas más allá de los cuerpos. En esa noche, nos olvidamos del mundo, tú te entregaste como nunca y yo simplemente me dejé ir. Pudimos fusionarnos en un orgasmo, para después intercambiar algunos más. Y volamos… tal y como reza la canción que un día después me dedicaste. Posterior al sexo, a las risas y los suspiros, conversamos abrazadas hasta quedarnos dormidas.

Ni tú ni yo podemos negar la gran química que tuvimos, la cual -intuyo- comenzó a manifestarse a partir de esa ocasión. Y como siempre lo dijiste, esa intimidad que nosotros alcanzábamos, sobrepasaba los límites de lo sexual.

Tormenta

Estabas ahí, sentada al borde de mi cama. Tus labios dibujaban una pícara sonrisa y tus ojos hacían preguntas que mi cuerpo estaba dispuesto a responder. El hecho de ser la primera en tu vida era ya muy excitante y significaba, al mismo tiempo, un enorme reto. Quería satisfacerte, convertir aquella ocasión en el inicio de muchas. Entonces me acerqué hacia ti y te invité a ponerte de pie. Al abrazarte, el tembloroso calor de tu cuerpo hizo crecer aún más mis ganas, provocando que mis labios se unieran en un profundo beso con los tuyos. Mi boca quiso luego pasearse por tu cuello y pude sentir como te estremecías. Mis manos paseaban por tus hombros y bajaban de vez en vez a los costados de tu abdomen. Así, comencé a subir tu blusa hasta quitarla por completo, tu cálida piel invitaba a recorrerla, cosa que mi boca realizó gustosa; marqué con besos la forma de tu ombligo mientras mis manos acariciaban tus pechos por encima de tu sostén, el cual quité con un hábil movimiento. Entonces, mis labios subieron hasta tus hermosos senos para pasar mi lengua por tus pezones erguidos, los arqueos de tu cuerpo me encendían cada vez más, y mi boca alternaba para comerme tus dos deliciosas tetas. Terminé al fin de quitarnos la ropa y quedé embriagada por el aroma de tu sexo. Mis manos deseosas acariciaban tus muslos, tus caderas que comenzaban a bailar a mi ritmo,  mi boca volvió entonces a besar tu ombligo para bajar luego lentamente hasta tu monte de Venus. Y lo besé, lo recorrí despacio para aumentar tu deseo, para seguirme enloqueciendo con tu olor, continué con mis besos por tus muslos, mordisqueando, lamiendo cada centímetro de ti. Tus manos se enredaban en mi cabello, me pedías sin palabras clavar mi lengua entre tus piernas, estabas jadeante, ardiente, y yo solo pensaba en provocarte más y más. Mis brazos suavemente separaron tus piernas y mis dedos abrieron los húmedos labios de tu vagina para que con un beso fugaz gritaras expresando tu placer. Escucharte me llevó al límite y ya no pude evitar que mi lengua se posara entre tus pliegues y te saboreara ansiosamente, tu candente néctar y tus gemidos incendiaban mis entrañas, tu cuerpo y mi lengua se fundían en un compás de deseo. Tus movimientos me llevaban cada vez más rápido, cada embestida era con mayor intensidad. Comencé a sentir pequeños espasmos en tu interior y entonces mis dedos se adentraron en ti mientras no dejaba de lamerte, colocaste tus piernas sobre mis hombros y así pude penetrarte profundamente. Estabas tan mojada, que mis dedos fácilmente resbalaban dentro de ti, entraban y salían al ritmo que les marcaban tus caderas. De pronto, mis dedos se sintieron empapados por tus jugos y llegamos al unísono al climax de nuestro encuentro, nuestros orgasmos se fundieron en uno solo para llenarnos de placer. Quedamos tendidas, sudorosas y plenas. Tomé un poco de fuerza para subir hasta tu boca y besarte aún con tu sabor en mis labios. Tu rostro me dijo lo que necesitaba saber: aquella no sería nuestra última vez.